Para salvar mis ojos,
para salvarte a ti que...
Secreto.
Rafael Alberti
Como dijo García Lorca, quiero llorar porque me da la gana. Y gritar todo lo que nunca me atrevo a decir; todo eso que nace en mi cabeza y muere allí dentro encarcelado, asfixiado, retorcido; elevándose en dirección a ese cielo plagado de imposibles. Y es que llega un momento en que la frustración resulta insoportable. Miedo, rabia, contradicción, odio hacia esa persona que eres ante el mundo. Y ante la que no eres, también. Todo pierde el sentido cuando no puedes ser...
Lo voy a hacer, me digo. Y mi enfermiza mente traza un plan para llevar a cabo cualquier rutinaria simpleza, incluso una simple conversación. Pero llegado el momento, una fuerza invisible se apodera de mis movimientos y de mis palabras. No lo hago porque no puedo; literalmente, no puedo. Y el cristal de mi mundo se empaña. La última luz, la de la esperanza, se apaga. Es la terrible consciencia de que nadie va a rescatarte de… ¿de qué?
Me he intentado imaginar a mí misma siendo yo misma; pero no lo he logrado. Me he dado cuenta de que no me conozco, o de que tal vez no existe esa dimensión en mi persona. Tantas máscaras superpuestas acaban por descomponer el rostro que se ocultaba debajo. Y debo remontarme a aquella niña que fui cuando todo podía ser; cuando todavía era alguien y no estaba perdida. Tal vez por esa razón no deje de volver una y otra vez a esos años.
He soñado con abrazar durante unos instantes la realidad. Desconocer la timidez, la cobardía, la dichosa inseguridad, el miedo a las reacciones de los demás, a equivocarme, y al futuro incierto, y a mi propia parálisis. En esa realidad gritaba, insultaba, murmuraba palabras de amor, dibujaba sonrisas en las nubes y lloraba todas las lágrimas que no lloré en aquella lejana noche del siglo pasado. Por todo lo que fue, lo que ha sido; pero no por todo lo podría ser, porque eso aún no pertenece al pasado.
No ha sido más que un sueño; nadie va a llegar para sacarme de la prisión que mi propia mente ha creado.
Nadie va a rescatarme de mí misma.






